“Necesitamos santos comprometidos
con los pobres y los necesarios cambios sociales” (Papa Francisco I en su
visita a Brasil)
Estaremos cerca o lejos del
mensaje de este Papa, primer Francisco, primer jesuita y porque no franciscano,
si de allí salió San Ignacio de Loyola, impregnado del Santo de Asís, a fundar
la Compañía de Jesús en siglo XVI de nuestra era, de allí también nuestro San
Alberto Hurtado, criticado por aristócratas de su tiempo, ante el
emprendimiento de su obra el Hogar de Cristo, transformada en una marca del
retail que nos domina.
Estaba tan cerca nuestro este
Papa, que no lo percibimos, todos mirando a Europa u otros lugares, sin embargo
la providencia divina lo tenía allende los Andes, hoy anda cerca, pero lejos,
el momento político no es apropiado para visitarnos a nosotros ni a los suyos,
periodo electoral de por medio, como correrían los figurones para estar en
primera plana, capas que nuestro presidente se montaría en el Papa móvil como
lo hiciera en la silla y el escritorio de Obama, de visita, acá seria dueño de
casa, cuanto agnóstico o ateo confeso buscaría el ruedo de su sotana o su
cercanía para la foto y la posteridad, que trofeo seria para la política inoperante,
esa que está lejos del compromiso con los pobres y los necesarios cambios
sociales, esa que está lejos del llamado a la santidad.
Que nos muestra este Papa, que
nos dice, que aceptamos de su mensaje, este “pibe” que llego al Vaticano, que
tiene vuelto loco al “protocolo de seguridad”, este hombre que no tiene miedo
en su misión, que no teme a las favelas, a los pobres, que no teme a un Brasil
convulsionado, que muchos detractores quieren comparar el “gasto” de su visita
que en su mayoría es financiado por los peregrinos llegados al lugar; lo
quieren relacionar con los gastos de un mundial, evento que requiere estadios,
hoteles de lujo para 16 delegaciones de 16 países, que se puede comparar, entre
otros Amaro Gómez Pablo que todavía no asume ni aprende el idioma chileno, en
TVN, haciendo analogías comparativas, que tristeza me das Chile, que nos llega
del mensaje, de este mensajero salido de protocolo y seguridad, nos traerá
alguna transformación su ejemplo, a la distancia nos dará sentido el compromiso
con los pobres.
Como ve nuestra curia, a este
peregrino, que quiere algo más de sencillez, de modestia, de servicio y
santidad de cada uno en su lugar, qué compromiso se lograra en nuestra iglesia,
dominada por los financistas del Opus Dei , lejos de la que fuera con ¡Raúl
amigo el pueblo está contigo! Esta iglesia nuestra que es un socio más de la
desigualdad del negocio del modelo educativo neoliberal. Que sus Colegios caros
son para una “elite” determinada por la capacidad financiera de los padres que pueden
pagar, donde muy rara vez ingresa un hijo de vecino pobre o de población, para
esos hay otros colegios, segregados igual en poblaciones, donde ninguno de sus
profesores se atrevería a matricular uno de sus hijos, que pensaran quienes
sostienen al amparo del Opus Dei institutos de capacitación para servicio
doméstico, donde las “nanas” aprendan a estirar bien las camas, a preparar
exquisitos gourmet, con hijos en sus casas carentes de buen mantel, de
educación, de salud, a transitar por lugares especiales en condominios, sin
toparse con los niños ni entorpecer en tránsito de dueños y señores, donde se
les impone un teología de alienación al verdadero sentido de liberación que
dejara el mensaje mesiánico de Hijo de Dios, donde se forma en fidelidad y resignación
a la vida de servicio a los demás, porque en la humildad de ese servicio está
la verdadera santidad, no en la superación personal y menos en estudiar algo
superior, puesto que es designio divino , el que debe agradecer, él lo puso
allí, para ser el estropicio humano al servicio de otro superior.
Que pensaran, aquellos curitas o
misioneros que si no están en primera línea de la curia, en vicarias u oficinas
céntricas, ven disminuida su vocación, si no tienen un buen auto o camioneta no
pueden como el cardenal Bergoglio, usar transporte público, metro, micro o
colectivo, muchos de ellos que solo se los encuentra en horario de misa y dejan
el accionar pastoral a diáconos y laicos consagrados, donde se debe agendar una
hora a través de su secretaria personal para alguna atención, previo si de
fundamentar casi confesionalmente ¿para qué quiere la cita? Y tal vez le diga
no pero para eso el padre no, cuantos párrocos viven en casas en las que sus
vecinos no tienen ni idea que son sacerdotes, luego nos quejamos, de la falta
de fe, templos vacíos, disminución de creyentes, falta de vocaciones
religiosas, como extraño al cura de mi pueblo, el que paseaba, visitaba gente,
tomaba mate, compartía una sopaipilla o un pan amasado, un navegaito también,
hoy si tengo que recibir o alguien necesita el ultimo sacramento, no sé dónde
ir, el cura de mi pueblo vivía en la Iglesia, en la noche salía cuando lo
buscaban, enredado en su sotana salía sin mirar la hora , el tiempo, el auto ,
solo por servir.
Ojalá esta cercanía lejana,
despierte de su letargo a nuestra iglesia y podamos renovar la fe, la esperanza
y la caridad.
Para Tejemedios escribió:
ENRIQUE EDIS JARA RIVERA
Comunicador Social: “Un ciudadano
de a pie, que a veces piensa”