“Primero, fue necesario civilizar al hombre en su
relación con el hombre. Ahora, es necesario civilizar al hombre en su relación
con la naturaleza y los animales” (Rubén Darío (1802-1885).
A
consecuencia de la sequía pasada y su crisis, la que por supuesto no es la
última que nos deba preocupar, puesto que es un ciclo que se viene reiterando y
agudizando año a año, debido a los cambios climáticos que afectan el planeta y
del que como país somos unos de los mayores productores de emisiones, ocupando
según estudios el segundo lugar a nivel mundial en cuanto a la generación de
contaminantes que están afectando a nuestro medio ambiente. Ahora también somos
un país que conoce de tragedias y embates de la naturaleza, siendo nuestro
último gran evento en terremoto del 27-F, del cual dimos serias muestras de
deficiencias en políticas preventivas ante los desastres naturales y también
del desarrollo de políticas de reconstrucción que sean efectivas y no solo
“comunicacionalmente efectista” , como propaganda de acción política lejana a
los guarismos reales reconstrucción. Cuando aún está en jaque el protagonismo y
la modernización de la actual ONEMI ante
tal magnitud de la tragedia y el actuar ante una futura eventualidad, viéndose
en la realidad que es muy poco o nada el giro y la implementación de esta
oficina con posterioridad al 27-F, salvo el subterfugio de reacomodar su
nombre.
A pesar de esto se plantea un hito nuevo, carente
de seriedad y más bien solo de eventual mensaje político, de mediocre y poco
seria preocupación por parte de un partido de la Alianza; la creación de una ONEMI de Agricultura, para enfrentar los inconvenientes de la sequía y sus
consecuencias en la poca producción agrícola que aún queda en nuestro país, el
que cada día es más dependiente de cultivos foráneos para su soberanía
alimentaria que de los propios; situación que no soluciona una oficina más o
menos de emergencia, sino va acompañada con políticas de estado relativas al
agro, el uso de los suelos, forestación y propiedad de las aguas sobrexplotadas
en usos mineros y extracción de energía , sin evaluación de impactos
ambientales ni en la vida humana, menos aun si estas vidas están relacionadas
con comunidades originarias y agrícolas de pocos habitantes a los que se les
puede avasallar en sus derechos al uso de agua como “elemento vital” en pro de
un uso industrial , contaminante e indiscriminado, avalado por códigos de
propiedad totalmente arcaicos, precarios y obsoletos, regularizando su
propiedad a través de un código emanado en 1981 (Dictadura Militar), separando
la propiedad del agua de la del suelo, transformándola en un bien de consumo y
especulativo, que se terminó de convertir en privados en los gobiernos
“democráticos” concertacionistas, que entrego lo que quedaba de su propiedad
principalmente a consorcios españoles en detrimento de la justicia de tenerlos
en propiedad de Chile como país, dueño y soberano de sus recursos y no
entregados a intereses foráneos que pueden determinar cuándo, cómo, y a qué
valor podemos consumir un recurso natural que está en nuestro suelo, no es una
muestra de nacionalismo, ni mucho menos de preocupación por nuestro País.
Nacimos al amparo de una geografía, que en su
abundancia nunca percibió el “conquistador”, que su trajinar andante durante el
“descubrimiento” de Chile y su avasallamiento colonizador, transitó pisoteando
la riqueza que buscaban, no pensando jamás que están estarían alojadas en las
áridas tierras de nuestro desierto, las que pasaron a engrosar nuestra futura
Patria, desvalorizadas y solo explotadas en base a descubrimiento de abono en
principio y salitre después, quedando al abandono nuevamente con posterioridad
a la crisis salitrera y con mudos testigos fantasmagóricos de la vida que allí
existió , una innumerable cantidad de construcciones de lo que fueron las
“oficinas” salitreras, tampoco despertamos a su valor, y solo se consideró como
un lugar de relegación y castigo hasta el siglo XX, en que tras la política
extractivista y a bajo valor se impulsara su “desarrollo” minero, el que
termino con lo poco de agua existente para consumo de comunidades originarias,
erradicas forzosamente a consecuencia de la utilización indiscriminada y
atropelladora del uso de agua por los intereses económicos “de Chile”.
Así sin darnos cuenta por el desinterés y
desconocimiento previsor del embate del desierto, llegamos en el siglo XXI a
darnos cuenta y tener estudios que afirman que este avanza a un ritmo de 500
ms. al año, que especies que detienen su avance como el algarrobo está en vías
de extinción y que nos mas allá de una generación de chilenos estará en las
puertas de La Serena IV Región, dejando a Santiago con un paisaje semiárido
como el de la Región mencionada para esos tiempos si no se toman medidas de
intervención prontas y se devuelve el agua a sus cause normales, invirtiendo a
cuenta de la “bonanza” económica, obras de mitigación al respecto, que repongan
las deficientes políticas de propiedad del agua concentrada en los grandes
consorcios mineros, que a presión de los acontecimientos se han favorecido en
la compra de derechos a propietarios de predios en valles, que han sucumbido al
atropello y han vendido sus derechos al mejor postor, para migrar a otras
latitudes en busca de una mejor vida. Punto aparte es el premio otorgado por la
actual democracia a nuestro desierto, radicando en 1990 la central
termoeléctrica de El Indio en Sancarrón IV Región, Guacolda en Huasco ( en
proyecto de ampliación) III Región en 1995, Taltal de Endesa en el 2000 II
Región, 5 plantas a carbón entre 1995 y 2011 en Mejillones y 2 en Angamos, más
otras 3 en proyecto en la misma bahía de propiedad de AES Gener, GDF Suez y
Kelar de Newcoal, en Iquique se aprobaron en 2011 las centrales Patache(
Endesa), Pacifico (Southen Cross), que se suman a la planta Tarapaca (Endesa),
Electroandina y Norgener (AES Gener) en Tocopilla, Castilla y Punta Alcalde en
proceso de litigio, en Copiapó y Huasco
y quizás cuantas más traerá bajo el brazo quien nos gobierne próximamente, con
este corolario podemos darnos cuenta de nuestra responsabilidad con el
ambiente, cabe señalar que a esto se pueden agregar al menos 15 proyectos más
en funcionamiento en el resto de las regiones, lo que nos da solo en este
periodo alrededor de 42 proyectos de este tipo, que son los más emisores de
material particulado que afecta la capa de ozono y produce el efecto
invernadero con sus cambios climáticos de los que somos seriamente responsables.
Esto en la puerta norte de nuestro país donde deberíamos estar preocupados por
el avance del desierto y sus efectos en la sequía.
Continuando nuestro viaje, podemos ver aún cierto
grado de reserva y conservación de valles entre la V , VI y VII Región, reservados a los cultivos de
Viñas “tradicionales” y frutos de exportación, ligados a grandes exportadores,
pero no dedicados al mercado nacional en su gran mayoría, quedando solo los de
baja calidad y calibre para el Mercado
nacional, En nuestra Región , como en la IX padecemos de la “eficacia” del
“exitoso” Modelo Forestal chileno, concentrados en dos grandes empresa , ARAUCO
y CMPC, quienes son controladores desde las plantaciones de pinos y eucaliptos
hasta su embarque en los puertos, fijando precios en franca colusión a los
valores de metros rumas, el valor de sus fletes y el ejercicio de presión a
pequeños propietarios. Para que abandonen las prácticas agrícolas y los que es
peor, estas empresas que formaron su patrimonio en premio al respaldo de la
Dictadura Militar, se han beneficiado en los últimos cuarenta años con
complicidad de los gobiernos de la “democracia” de una Ley de Fomento Forestal que les subsidia sus plantaciones, lo que a
significados según estudios forestales la radicación de DOS MILLONES DE
HECTAREAS de monocultivo de pino y
eucaliptos CON DINERO DE TODOS LOS CHILENOS, resultando esto el ingreso por concepto de exportaciones de CINCO MIL
MILLONES DE DOLARES ANUALES, A SUS ARCAS, en productos de baja elaboración ,
principalmente celulosa y paneles, a los que ni siquiera se les da un valor
agregado que signifique mayores puestos de trabajo y remuneraciones dignas para
miles de chilenos y no solo el lucro de los “dueños de Chile”, que son el grupo
Angelini dueño de ARAUCO, con
inversiones en pesca, combustible (COPEC) y minería y el grupo Matte CMPC dueños de banca y megaproyectos
hidroeléctricos en la Patagonia. En este contexto es necesario entender los
vínculos del modelo forestal y la crisis hídrica que vive el centro sur de
nuestro país, donde el mundo rural padece de inconvenientes de agua para el
consumo humano y el auto sustento alimentario, mientras pinos y eucaliptos
crecen y succionar de la tierra el vital elemento, contando este modelo de
precarización de suelo y agro con la “complicidad” asistida por el Estado
Chileno de la mano de CONAF e INDAP que entregan gratuitamente plantas de
eucaliptos a pequeños campesinos y mapuches radicados en nuestro centro sur,
que deben acudir a los Municipios a soluciones parciales y reparto en aljibes
de agua para su consumo con un elevadísimo costo del que ni siquiera ellos se
hacen responsables de solventar, produciendo incluso en algunos casos el
etnocidio de la cultura mapuche que se ve imposibilitada de continuar usando sus
tierras ancestrales y manteniendo sus costumbres y cultura. También se
encuentran radicaciones de estos monocultivos en la VII y XIV Región por otras
2,9 MILLONES DE HECTAREAS de propiedad
de los mismos actores.
No he de mencionar el resto de deterioro forestal,
pérdidas de especias originarias, en beneficio del lucrativo negocio de la
radicación de exóticas, y la degradación de suelos que irresponsablemente los
estamentos gubernamentales no tienen la capacidad de proteger y que ambos
conglomerados políticos Alianza y Nueva Mayoría, no han demostrado y
difícilmente lo hagan, el interés de revertir tal situación, que podemos seguir
evaluando hasta los últimos confines de nuestro suelo y el planeta, pero solo
con esta muestra quiero afirmar con vehemencia que el problema hídrico en Chile
no se soluciona como lo propone la “popular” UDI con una nueva e inoperante
ONEMI Agrícola, salvo que esta tenga la
“genialidad” de algunos de sus referentes que tuvieran la “inmensa visión” de
fabricar playas de arena de mar en Santiago o llevar nieve donde nunca la hubo
(Joaquín Lavín), y en una de esas excentricidades puedan hacer llover en
lugares específicos y lanzar el grito de Arquímedes ¡¡¡Eureka!!!
¡¡¡Eureka!!! Y llueva por decreto porque por ley imposible
con las vacaciones parlamentarias de por medio.
Llueve mientras escribo esta columna,
afortunadamente entre sábado y domingo hemos tenido lluvia, mi pregunta es
¿Dónde va a parar tan valioso recurso?, si tan siquiera existieran pequeños
embalses o tranques en algunas quebradas, yo creo que se puede contener algunas
gotas tan preciadas para el próximo verano, y hablo de pequeñas obras no de
mega embalses y proyectos gigantes que sólo seguirán dando utilidades a los
mismos dueños de termoeléctricas e hidroeléctricas, propietarios de la matriz
energética actualmente no definida que posee nuestro territorio.
De esto y mucho más sueño escuchar propuestas en
debates políticos totalmente laxos, estériles y vacíos de contenidos, que al
menos a mí no me merecen mayor atención, por la razón de tener al menos algo
claro referente a lo que mi país necesita…pero como dice la canción “no soy un
hombre perfecto…tengo un gran defecto”…no soy político.
Para Tejemedios escribió:
ENRIQUE EDIS JARA RIVERA
PENSANTE LIBRE SIN COMPROMISOS PARTIDARIOS