Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen , conforme a nuestra semejanza; y que domine los peces del mar, las aves del cielo, el ganado y todo animal que anda sobre la tierra. (Génesis 1 verso 26). En nuestra ciudad como muchas de todo Chile, urge la necesidad imperiosa de establecer, protocolos de control ante la invasión de perros, que habitan en ciudades y pueblos en forma ya casi invasiva.
Se debe enfrentar el tema como lo expresara el Dr. Acosta, académico de la facultad de ciencias veterinarias de la Universidad Adventista de Chile, en un congreso: “Queremos dar a conocer la manera ética y eficiente de realizar el control de los perros en Chile, esto a fin de evitar que más personas mueran atacadas por estos animales…ya sea a través de agresiones o por la transmisión de enfermedades”. Según algunos informes, se revela que ocurren anualmente entre 40.000 y 50.000 mordeduras de perros en nuestro país, muchas de ellas han causado la muerte de personas , mutilaciones, y cicatrices irreparables y que ningún seguro ni estamento de salud pública se responsabiliza de su tratamiento o cirugías plásticas, menos los propietarios ni tampoco los defensores a ultranza de los animales que no cuentan con recursos, planes de manejo alternativo del tema, ni menos apoyo a las víctimas de estas lesiones ocasionadas por animales a los cuales defienden a rabiar. Ante este tema, manejado en forma visceral, con fines muchas veces populista y políticos de mostrarse defensores de la vida, pero que participan como autoridades o ciudadanos de los maltrato de animales en rodeos, domaduras, visitando zoológicos con animales fuera de su hábitat natural, observando acuarios con peces exóticos que se mueven como buscando aguas más amplias, escuchando el trinar de canarios o caturras sin saber si cantan o lloran su falta de libertad, alguno tal vez hasta viendo riñas o peleas prohibidas.
Inauguran mataderos para alimentación humanas, toleran la depredación de mares y ríos de peces, comen aves de campo y de corral, disfrutando de productos originados en planteles porcinos, duramente cuestionados por su salubridad, tanto en nuestro medio como en todo el país, y esto, al parecer, no transgrede ley alguna de protección tanto del animal como del humano, para los defensores a ultranza de la vida, haciendo que se empañe una discusión adecuada del tema canino que pone en serio riesgo la vida, la salud y el bienestar del hombre llamado por Dios a tener el dominio de las especies inferiores.
Las malas condiciones de vida los perros abandonados, en complicidad, por omisión de acciones en su favor de toda la ciudadanía, nos colocan en situación de deterioro de la salud pública. Por la insalubridad de la orina, contaminación fecal, desparramo de basuras, como la proliferación de pulgas, garrapatas, tiña, moscas y roedores asociados al problema, accidentes de tránsito para evitar atropellos, mordeduras, intimidación, además de enfermedades infectocontagiosas, que pueden llegar a la población.
El tema en si debe ser abordado por la comunidad en su conjunto y sus principales actores, autoridades comunales, defensores de animales, facultades de veterinaria, salud pública, veterinarios, dueños de mascotas, juntas vecinales, organizaciones sociales, colegios, iglesias y vecinos en general. Para ello es imprescindible un canil de propiedad pública municipal, donde hospedar a los perros abandonados y sacarlos de la ciudad, con un plan de manejo fitosanitario al interior, salubridad, tratamiento veterinario, control de fertilidad, alimentación adecuada, planes de adopción, no descartando la eutanasia, aplicada en un plan integral , reservándose a los casos de deterioro de la calidad de vida de los animales y los efectos en la salud que ellos puedan originar a la población, situaciones que deberán ser evaluadas por autoridades sanitarias, porque no podemos tener por un lado la potestad de que en forma privada y a través del acceso que otorga el dinero , la facultad de “hacer dormir” mascotas a quienes puedan pagar y dejar que proliferen en las plazas de ciudades “turísticas” o en la periferia, donde incluso se dejan al desamparo en improvisadas madrigueras, hembras paridas arrojadas o dejadas por habitantes de sectores incluso acomodados de la ciudad, como ocurre en el sector oriente de Chillan, donde a diario aparecen hembras paridas, que antes nunca nadie vio, siendo algunas de pedigrí escaso en sus inmediaciones. También es menester un manejo adecuado de residuos sólidos y microbasurales, que sirven de alimento y cobijo a los perros abandonados.
Un tema delicado, donde no podemos sentarnos a esperar la salida de un legislación para enfrentarlo, debemos hacerlo responsablemente como sociedad, con las autoridades al frente y con soluciones reales, que no es solamente la esterilización masiva por barata que sea, de la que existe ignorancia hasta en las propias autoridades al respecto, puesto que en una oportunidad un señor concejal se quejó de la esterilización de solo las hembras, ignorando que esta en la práctica selectiva se hace debido a la proporcionalidad entre las especies en base a su sexo, pero esta medida no evita, que el perro orine, defeque, rompa bolsas, busque alimento y se cobije en lugares abandonados abundantes en nuestra ciudad, en los que marca su territorio, se adueña del espacio y volviendo a su origen salvaje vea en los humanos que lo rodean una amenaza a su hábitat y en defensa de este lo ataque, lo muerda y tal vez le pueda hasta ocasionar la muerte.
Para Tejemedios escribió:
ENRIQUE EDIS JARA RIVERA
Comunicador Social “Un ciudadano común ante un problema común”