“Todo tiene su tiempo, todo tiene su hora, tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de matar y tiempo de curar, tiempo de buscar y tiempo de desistir, tempo de amar y tiempo de aborrecer tiempo de guerra y tiempo de paz”. (Eclesiastés 3, 1-8).
La continuidad de los hechos, ameritan un seguimiento y una reflexión de quienes al menos nos interesa la seriedad de la escalada de un incidente que no alcanza para conflicto, puesto que desenredando la madeja, no se advierte a ciencia cierta, si el traspaso limítrofe de los conscriptos bolivianos, fue voluntario o involuntario, planificado o no por nuestros vecinos o por extravío de los involucrados en los laberintos de la inmensidad del desierto, en la zona limítrofe con Oruro y Potosí, lugar pintoresco y especializado en blanqueamiento de contrabando de vehículos robados en nuestro país, donde operan verdaderas mafias especializadas en el tema y circulan vehículos robados en Chile incluso con los adhesivos adheridos de la revisión técnica. Una zona con más de 80 pasos fronterizos y un solo control por parte de nuestro país, que fuera además tema de más de un reportaje televisivo que abordara el problema.
Que entre otras dificultades no tiene un eficaz control ni de parte de la policía chilena, menos de la boliviana. Lugar al que en un periodo de tres horas llegan vehículos robados en Antofagasta y Calama y que pocas veces se logran recuperar.
Ahora bien, nuestra larga geografía y nuestra historia nos sitúa en un zona de América, como un país que a lo largo de su historia, ha sabido de guerras limítrofes, dos con Perú y Bolivia, una evitada con Argentina, tratados de paz, convenios fronterizos, litigios, arbitrajes, lo que supondría un país ducho y avezado en las lides de la Relaciones Exteriores, el planes de Defensa acordes a tiempos de paz e hipótesis de conflictos con nuestros vecinos.
Pero hoy se desnudan falencias y los ojos del mundo y de CELAC , estarán perplejos, después de una contundente respuesta de nuestro gobernante al presidente Evo Morales, donde incluso a más de algún ciudadano como quien escribe le sorprendió el lapsus de inteligencia y conocimiento de nuestro presidente al defender la postura chilena, frente a las pretensiones bolivianas, quedándonos muchos con el sabor de haber tenido que reconocer que nuestra primera autoridad había actuado a la altura que el país lo necesitaba.
Pero de un par de plumazos y acciones desacertadas, se nos vino la estaría abajo y quedamos en peor pie que el que estábamos antes de la contundente respuesta en la CELAC.
Hemos demostrado una nula existencia de protocolos en tiempo de paz , que dicten procedimientos, que al igual que el 27-F muestran acciones de gobierno que rayan la irresponsabilidad y que deben corregirse más aún si manifestamos, a consecuencia del robo de una camioneta a la minera Collahuasi , por delincuentes que vestían ropa de camuflaje similar a la usada por militares, que los que carabineros no pudieron apresar y que no se sabe a ciencia cierta si eran o no militares bolivianos, y que sostuviera nuestro presidente que estos hechos seguirían reiterándose, dando la sensación de que tiene el conocimiento previo de estos, algo que de plano pone un manto de dudas sobre la veracidad de los mismos.
Pero volviendo al tema de fondo, debe existir en algún lugar, dentro de este cumulo lo acontecimientos limítrofes, alguna normativa de procedimiento en caso de que en tiempos de paz, crucen nuestra frontera militares de países vecinos armados y con uniforme, sea esto voluntaria o involuntariamente, como puede darse en la inmensidad de nuestra frontera, incluso en nuestra cordillera, donde hasta nuestros propios soldados se perdieran no muy lejos de Santiago, en unos cerros, hace poco tiempo.
Por la evolución de los acontecimientos me atrevo a afirmar que esto no existe o tal como el 27-F los encargados de nuestras fronteras no supieron descifrarlo e incurrieron en involucrar a la justicia en este procedimiento que tal como existe un Código de Justicia Militar, que muchas veces desprotege ciudadanos civiles ante ilícitos cometidos por militares, debe existir una norma que regule el ingreso de sus pares de países limítrofes a nuestras fronteras, si no lo hay, es que hemos aprendido poco o nada de todos los conflictos que hemos tenido y menos aún del caro sacrificio, que hace medio siglo, costara la vida al teniente de carabineros Hernán Merino Correa, en un incidente similar donde fueron uniformados nuestros los que supuestamente transgredieron una frontera, que a la época no estaba bien definida. Pero que si nos debería haber dejado la enseñanza y la sabiduría de haber tomado este hecho como ejemplo para tomar las medidas, que como país no nos pase a nosotros una situación similar, afortunadamente hubo prudencia en el procedimiento. Porque fatal hubiese sido que por ausencia de protocolos establecidos, alguien piense en disparar a un uniformado de otro país que traspone nuestros límites portando armamento.
Además estas regulaciones, evitarían la vergüenza judicial chilena, llamada a actuar en un estado de derecho y a aplicar la ley, de dictar orden de arraigo nacional y arresto domiciliario a tres conscriptos que no tienen donde cumplirlo y que aunque muchos critiquen, de no ser por la actitud asumida por el Diputado Hugo Gutiérrez, de cobijar en su domicilio a uno de los conscriptos, estos tendrían que fijar como domicilio la Plaza de Pozo al Monte o el Hogar de Cristo.
Por esto me atrevo a decir devolvamos los conscriptos y no pasemos más vergüenza como país.
Para Tejemedios escribió:
ENRIQUE EDIS JARA RIVERA Comunicador Social
“Un ciudadano común ante un problema común”.